ZadurdoNotas de taller sobre tinte natural

Teñir fibras con plantas: del descrudado de la lana al cubo de índigo

El color vegetal no se aplica sobre la tela: se construye dentro de ella. Entre la fibra recién lavada y el tono final hay una cadena de decisiones —qué mordiente, qué relación de baño, cuántos grados, cuánto tiempo— y cada una deja huella. Estas páginas recogen ese proceso paso a paso, con las cantidades y los tiempos que se usan en un taller pequeño.

En estas notas
  • Descrudado y mojado de lana, seda, lino y algodón
  • Alumbre, acetato de aluminio y taninos
  • Rubia, gualda, cortezas y cáscara de cebolla
  • Cuba de índigo y hierba pastel
  • Ecoprint, fijado y solidez a la luz
01 · La fibra

Descrudado: por qué el color empieza en el lavado

Madejas de hilo teñidas con tintes naturales en tonos ocre, rojo y azul, dispuestas en círculo sobre una superficie clara

Una misma planta tintórea no produce un solo tono. La gama depende del mordiente, de la concentración del baño, del pH del agua y del número de inmersiones; por eso conviene anotar cada variable antes de repetir un color.

Una fibra que no está limpia tiñe a manchas. Las lanas comerciales llegan con restos de grasa y de aceites de hilatura; el algodón y el lino, con ceras naturales y a menudo con apresto. Ese residuo actúa como barrera: el mordiente se fija de manera desigual y el color aparece más claro justo donde más se manipuló la tela.

La lana se descruda en agua a unos 60 °C con un jabón neutro, sin frotar y sin cambios bruscos de temperatura, porque el enfieltrado es irreversible. La seda admite un lavado similar pero más breve. Las fibras celulósicas necesitan un tratamiento más duro: una hora larga de hervor con carbonato de sodio, que arrastra las ceras y deja la tela notablemente más absorbente y algo más flexible al tacto.

El agua también cuenta. En buena parte de la península es dura, rica en calcio, y eso empuja los rojos de rubia hacia el ladrillo y apaga los amarillos. No hace falta un equipo de ósmosis para trabajar: basta con conocer la tendencia del agua del grifo y anotarla junto al resto de datos de la partida.

Comprobación antes de teñir
  • La tela absorbe una gota de agua en menos de dos segundos
  • No quedan olores de jabón ni restos jabonosos en el aclarado
  • La fibra entra mojada al baño, nunca seca
  • El peso seco está anotado: todas las proporciones se calculan sobre él
  • La olla es de acero inoxidable si no se busca el efecto del hierro o del cobre
02 · Mordientes

El puente entre la fibra y el colorante

Casi todos los colorantes vegetales son mordentables: necesitan un ion metálico que forme un complejo estable entre la molécula de color y la fibra. Sin ese puente, el tinte se deposita, pero se va con los primeros lavados. El mordiente no aporta color por sí mismo —salvo que se use hierro—, pero decide cuánto se fija y en qué dirección vira el tono.

El alumbre de potasio es el punto de partida habitual para proteína: entre el 10 % y el 15 % del peso seco de la fibra, disuelto en agua caliente, con la lana entrando en tibio y subiendo despacio hasta unos 85 °C durante cuarenta minutos. Después conviene dejar enfriar en el mismo baño; un enfriamiento lento mejora la uniformidad más que cualquier truco posterior.

La celulosa se resiste. El camino más fiable pasa por dos etapas: primero un baño de tanino —agallas, zumaque, hojas de granado— y después acetato de aluminio, con un aclarado intermedio. El tanino oscurece ligeramente el blanco de partida, algo que hay que prever si se busca un tono limpio.

El hierro se usa aparte y en cantidades mínimas, del 1 % al 2 %, como modificador posterior: apaga, agrisa y empuja los amarillos hacia el oliva y los marrones hacia el gris oscuro. En exceso deja la fibra áspera y, con el tiempo, quebradiza. Conviene tener un cazo pequeño reservado sólo para él.

Trabajo con seguridad

Los mordientes metálicos son productos químicos, aunque se vendan junto a las plantas. Ventilación, guantes, utensilios que no vuelvan a la cocina y ninguna reducción de las diluciones indicadas por el proveedor. Los baños de alumbre agotados pueden reutilizarse para una segunda partida en lugar de desecharse.

El hierro, el cobre y los taninos concentrados no se vierten sin diluir; el baño de una olla doméstica se rebaja con agua abundante antes de desecharlo.

03 · Baños de color

Rubia, gualda, cortezas y cáscara de cebolla

La rubia (Rubia tinctorum) da los rojos más sólidos del repertorio vegetal y crece bien en clima mediterráneo. Su colorante es sensible al calor: por encima de 70 °C el rojo se vuelve marrón ladrillo y ya no vuelve atrás. Se trabaja con la raíz seca y molida, entre el 50 % y el 100 % del peso de la fibra, en baño largo y templado, a veces con una pizca de carbonato para empujar el tono hacia el carmesí.

La gualda (Reseda luteola) produce amarillos limpios y sorprendentemente estables, muy por encima de la media de los amarillos vegetales. Se extrae en agua caliente durante media hora y admite un segundo baño con la misma planta, más pálido pero perfectamente utilizable.

La cáscara de cebolla es la puerta de entrada de casi todo el mundo al tinte natural, y no por casualidad: se acumula en casa sin coste, tiñe con poca cantidad y da ocres y bronces cálidos sobre lana alumbrada. Su solidez a la luz es moderada, así que encaja mejor en prendas de abrigo y en labores que en cortinas o piezas expuestas.

Las cortezas —encina, aliso, eucalipto— combinan tanino y color propio, lo que a veces permite saltarse el mordentado previo en celulosa. Necesitan remojo largo, de un día para otro, y una extracción lenta. Conviene recogerlas de poda o de ramas caídas, nunca arrancándolas del árbol vivo.

Extracción
  • Remojo previo de 8 a 12 horas para raíces y cortezas
  • Extracción entre 70 °C y 85 °C, sin hervor sostenido
  • Colado del material vegetal antes de entrar la fibra
  • Relación de baño amplia: la tela debe moverse sin apreturas
Durante el teñido
  • Subida de temperatura lenta, de 10 °C cada cinco minutos
  • Movimiento suave y ocasional, nunca agitación continua
  • Enfriado dentro del baño para igualar el tono
  • Muestra de hilo testigo para comparar partidas futuras
04 · Índigo

La cuba de índigo y el medio de reducción

Cómo se reconoce una cuba sana
  • Líquido amarillo verdoso, translúcido bajo la superficie
  • Flor azul cobriza flotando en el centro
  • Sin burbujas de aire en el fondo al remover
  • La tela sale verde y azulea en un minuto al aire

El índigo funciona de otra manera. No es un colorante mordentable, sino un pigmento insoluble que hay que reducir químicamente para que la fibra lo acepte. En la cuba, el índigo pasa a su forma leuco, soluble y de color amarillo verdoso; la tela se impregna de ese líquido y, al salir al aire, el oxígeno lo reoxida y el azul aparece sobre la superficie en cuestión de segundos.

Una cuba de fructosa —índigo, cal apagada y fructosa, en proporciones aproximadas de 1:2:3— tarda unas horas en arrancar y se mantiene semanas si se alimenta y no se remueve con brusquedad. La cuba de hierba pastel (Isatis tinctoria), planta de tradición europea y presente en el norte peninsular, sigue la misma lógica con una concentración menor de pigmento y azules más grises.

Todo el trabajo consiste en no meter aire. Se introduce la tela mojada y escurrida, despacio, bajo la superficie; se mueve poco; se saca escurriendo dentro de la cuba y no por encima. Cada inmersión dura de uno a tres minutos y va seguida de una oxidación al aire del mismo tiempo. El azul profundo no se consigue alargando la inmersión, sino repitiéndola: seis pasadas cortas superan siempre a una larga.

Si la cuba se enfría por debajo de 20 °C pierde eficacia, y si se oxida entera hay que volver a reducirla. Mantenerla tapada entre sesiones y calentarla suavemente antes de usarla resuelve la mayoría de los problemas cotidianos.

05 · Temperatura y tiempo

Los grados y los minutos que deciden el tono

La temperatura no es un detalle de acabado: cambia la molécula de color y cambia la fibra. Por encima de los 80 °C la lana empieza a perder elasticidad y brillo; por encima de los 70 °C, la rubia vira de rojo a marrón. Al mismo tiempo, un baño demasiado frío no llega a agotarse y deja colorante disuelto que se irá en el primer lavado, con la falsa impresión de que el color «destiñe».

El tiempo de permanencia actúa en la misma dirección. Cuarenta y cinco minutos a temperatura de trabajo suelen ser suficientes para que el baño se agote visiblemente: el líquido pierde intensidad y la fibra deja de tomar color. A partir de ahí, insistir aporta poco. Lo que sí aporta es el reposo: dejar la fibra en el baño mientras enfría, incluso toda la noche, iguala el tono y profundiza el resultado sin someter a la lana a más calor.

Referencias de trabajo
  • Mordentado con alumbre en lana: 85 °C, 40 minutos
  • Rubia: 60–70 °C, una hora larga, sin hervor
  • Gualda y cáscara de cebolla: 80 °C, 45 minutos
  • Cuba de índigo: 25–35 °C, inmersiones de 1 a 3 minutos
  • Seda: nunca por encima de 80 °C, para conservar el brillo
06 · Capas

Teñir sobre teñido: verdes, morados y tonos apagados

La paleta vegetal no tiene un verde directo digno de confianza. El verde se construye: primero amarillo de gualda y después una o dos inmersiones cortas en la cuba de índigo, o al revés si se prefiere un tono más frío. El orden importa, porque el índigo se deposita en superficie y un baño caliente posterior puede arrastrar parte del pigmento aún mal fijado.

Lo mismo ocurre con los morados y los grises azulados: se parte de un rosa de rubia o de un beige de corteza y se azulea encima. Trabajar por capas exige aclarar bien entre baños y, sobre todo, anotar la secuencia; de otro modo, el resultado es irrepetible.

Los modificadores hacen el resto del trabajo fino. Una solución muy diluida de hierro, aplicada unos minutos al final, apaga el conjunto y unifica una partida desigual. Un cambio de pH con carbonato o con vinagre desplaza los rojos y los púrpuras varios pasos en la rueda de color. Son intervenciones rápidas y de efecto inmediato, así que se prueban siempre sobre una muestra antes de tocar la pieza principal.

Una advertencia práctica: el color mojado engaña. Toda tela recién salida del baño parece dos o tres tonos más intensa de lo que será una vez seca y lavada. Las decisiones sobre si repetir una inmersión se toman con una muestra seca en la mano, no con la pieza chorreando.

07 · Estampación botánica

Ecoprint: la hoja como forma y como colorante

Tela atada con hilo y sumergida en un baño de índigo, con el líquido azul cubriendo los pliegues
En las reservas por atado, el hilo impide que el baño llegue a la tela; el dibujo lo dibuja aquello que no se tiñe.

El ecoprint trabaja con la hoja entera como fuente de color y como plantilla. La tela mordentada se extiende, se colocan las hojas, se pliega o se enrolla sobre una vara, se ata con fuerza y el paquete se cuece al vapor entre una hora y dos. La presión es lo que transfiere el contorno: un atado flojo produce manchas sin dibujo.

No todas las plantas imprimen. En España, el eucalipto da naranjas y rojos muy definidos, la hoja de vid deja siluetas verdosas, el nogal marrones profundos y el arce y el roble contornos finos por su contenido en tanino. Las hojas carnosas y muy acuosas suelen dejar sólo una sombra difusa.

La capa que separa las vueltas del rollo decide si el dibujo se transfiere también al reverso. Un plástico o un papel encerado mantiene la impresión limpia y en una sola cara; sin barrera aparecen imágenes espejo que, bien buscadas, son parte del interés de la técnica.

Conviene abrir el paquete frío. La tela recién cocida está en su punto más frágil y el color continúa asentándose durante el enfriamiento; desenrollar con prisa arrastra parte de la impresión.

Preparación del paquete
  • Tela mordentada y todavía húmeda
  • Hojas sin nervios rotos ni suciedad
  • Barrera entre capas si se quiere impresión a una cara
  • Atado firme y regular de extremo a extremo
Cocción y apertura
  • Vapor constante, entre 60 y 120 minutos
  • Agua suficiente en la olla durante todo el proceso
  • Enfriamiento completo antes de desatar
  • Reposo de 24 a 48 horas antes del primer lavado
08 · Fijado y aclarado

Curado, lavado y eliminación del color suelto

El color no termina de fijarse cuando la pieza sale del baño. El complejo entre el metal, el colorante y la fibra sigue estabilizándose durante horas, y en el caso del índigo y del ecoprint conviene esperar entre uno y varios días antes del primer lavado. Ese periodo de curado, hecho a la sombra y sin secar la tela al sol directo, evita pérdidas de tono que después se atribuyen al tinte.

El aclarado empieza con agua a temperatura ambiente, sin jabón, hasta que sale limpia. Después, un lavado breve con un jabón neutro o un detergente para lana retira el colorante que no llegó a fijarse. Es normal que el agua salga teñida en esta primera pasada: se está eliminando exceso, no perdiendo color fijado. Lo que no es normal es que siga saliendo teñida en el cuarto o quinto lavado, señal de mordentado insuficiente o de baño sin agotar.

El índigo tiene un comportamiento propio. Como queda en superficie, siempre desprende algo de pigmento en los primeros lavados y puede transferir por rozamiento hasta que la pieza se asienta. Un aclarado abundante y un primer lavado con agua tibia reducen mucho ese efecto.

Señales de un fijado deficiente
  • El agua sigue coloreada tras varios lavados
  • La pieza mancha otras telas en seco
  • Zonas claras donde la tela estuvo plegada en el baño
  • Pérdida brusca de tono tras el primer secado al sol
09 · Solidez y cuidado

Luz, lavado y vida útil de una tela teñida con plantas

La solidez a la luz es la limitación real del tinte vegetal, y merece la pena decirlo sin rodeos: varía muchísimo de una planta a otra. El índigo y la rubia bien mordentada resisten años de uso normal. La gualda se comporta mejor que la mayoría de amarillos. En el otro extremo, los rosas de remolacha, los morados de col lombarda y buena parte de los tintes florales pierden intensidad en semanas de exposición directa, por mucho que se hayan mordentado.

Comprobarlo es sencillo y no cuesta nada: una tira de la tela teñida, la mitad cubierta con cartón, colocada en una ventana soleada durante cuatro a seis semanas. Al retirar el cartón, la diferencia entre las dos mitades dice más que cualquier tabla general, porque se mide con la fibra, el mordiente y el agua concretos del taller. La luz del sur peninsular, además, es más exigente que la media europea, así que las referencias ajenas conviene tomarlas con prudencia.

El resto es cuidado ordinario. Lavado a mano o programa de lana, agua fría o tibia, jabón neutro sin blanqueantes ópticos ni enzimas, sin lejía y sin remojos largos. Secado a la sombra y en horizontal para la lana. Guardado en oscuro, lejos de radiadores y de ventanas orientadas al sur.

Cuidado cotidiano
  • Agua fría o tibia, nunca ciclos calientes
  • Jabón neutro; evitar detergentes con blanqueantes
  • Sin lejía ni quitamanchas oxidantes
  • Secado a la sombra, con la pieza del revés
  • Planchado templado y con paño intermedio
  • Almacenamiento en oscuro y ventilado

Un tono que se aclara despacio con los años no es un defecto del método: es el comportamiento esperable de un color vegetal en uso, y forma parte de lo que se acepta al elegir esta técnica.

10 · Contenidos

Qué se publica en Zadurdo

Zadurdo es un proyecto editorial dedicado al teñido natural de tejidos. Reúne notas de taller escritas mientras se trabaja: procedimientos, proporciones, temperaturas, errores frecuentes y las razones técnicas que hay detrás de cada paso. Todo el material es informativo y de acceso libre; no hay cursos, ventas ni servicios asociados.

Materiales publicados
  • Preparación de fibras y procesos de mordentado
  • Extracción de colorantes de plantas y residuos vegetales
  • Mantenimiento de la cuba de índigo
  • Estampación botánica y técnicas de reserva
  • Fijado, lavado, solidez y conservación
11 · Contacto

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